lunes, 6 de julio de 2015

Felino onírico

Todo comenzó con un simple mensaje.


Un buen amigo mío había mandado a distintas personas (entre las que me incluyo) una llamada de auxilio. La susodicha solicitud de socorro explicaba una situación muy común en millones de lugares del mundo: había encontrado una cría de gato, un gatito apenas de una semana abandonado sin madre alguna, bendecido y maldito a la vez por la amoral Naturaleza. Obviamente mi amigo quedó presa de la ternura, algo que a muchos les pasa incluso a mí, y decidió acogerlo en su hogar.

El problema es que mi buen amigo no dispone ni del tiempo ni de los medios y condiciones como para poder criar al gato, y por ello  socorre ayuda externa capacitada para la manutención del gato.

La primera idea que pasó por mi cabeza fue que el susodicho gato tenía toda las de palmar, pero decidí que sería más apropiado dirigirme a la casa de mi buen amigo para hablar mejor sobre el asunto y adquirir más perspectiva.

No sé por qué tome esta decisión, pero me dirigí al coche no sin antes llevar una caja de zapatos con una toalla suave dentro, un forro para las manchas de heces y orina (era meramente una bolsa de plástico) y agujeros en la tapa. Además me llevé algo de agua y leche embotellada.

"Qué absurdo, es como si me fuese a llevar al gato, si ni siquiera yo puedo tener gato"

Pero a pesar de que mi mente mostraba toda razón por la que no podía acoger mininos, me dio igual, seguí adelante.



Llegaba a la Vieja ciudad, me dirigí al casco antiguo a la zona del barrio cerca de las orillas del río donde vivía mi buen amigo. Bajo un abrasador Sol aparqué y bajé del coche con la caja bajo el brazo. Llamé a la puerta, mi buen amigo se alegró de verme y más aun tras observar que traía una caja condicionada para llevar al gatito.

Hablamos de trivialidades que no logro recordar bien, me preguntó si querría comer algo (propuesta que rechazé amablemente), y cómo no, me habló del gato y sus fallidos intentos de encontrarle familia. Me lo enseñó en una caja de frutas con mantitas, no lograba distinguir la raza, ni siquiera acertaba en el color, era como una especie de gris anillado pero de una gama que no lograba acertar, tenía el vientre pálido y de un color poco certero, orejas subdesarrolladas de tonos oscuros que escapaban de cualquier paleta de colores existente y los ojos cerrados (y apostaría a que si abriese los párpados tendría unos iris desconcertantes).

Mi buen amigo hizo la pregunta del millón: "Entonces, ¿sabes de alguien que pueda quedárselo o tú y tu família os lo vais a quedar?"

Mentí y le dije que me lo llevaba. Deposité cuidadosamente al felino en mi caja de zapatos, mi buen amigo alegre por saber que el felino tendría un futuro feliz me dió profusamente las gracias, no sin antes proporcionarme algo de leche especial que había comprado en una tienda de mascotas.

Con un brazo cargando con delicadeza la caja-casa del gatito y en la mano la leche especial para gatitos, me dirigí a mi coche. Abrí y esperé a la sombra a que el coche se ventilara para que el gatito no se asfixiara por el aire recalentado. Guardé la susodicha botella de leche gatuna y detrás del asiento de copiloto acomodé suavemente la caja de zapatos.


Arranqué el coche. Pero de repente mientras conducía mi mente, como si de un as en la manga se tratara, o simplemente un capricho nostálgico fuese, me arrojó un recuerdo sobre un acontecimiento acaecido hace años...



Era simplemente un mero puberto, un preludio adolescente que pedaleaba su bicicleta por la urbanización donde vivía volviendo de un trayecto de comprar el pan que portaba en una bolsa de tela  a la espalda para mi comodidad. Movía mis piernas a toda velocidad disfrutando de la brisa y del sol radiante que cálidamente tocaba el asfaltado de la calle rodeado de casas de diferentes estilos y diseños. Mientras pasaba por una pequeña iglesia, ví que intentando escapar de las vallas un ente anaranjado.

Me bajé de mi bicicleta, me dirigía la valla y pude atisbar que era una cría de gato, un gatito con apenas 3 semanas de un vivo color naranja a rallas y de ojos verdosos que me miraba con un abismal cariño. Mi cuerpo era abrasado lentamente por la enternecedora radiación que despidía  el gatito. Miré alrededor si estaba su madre en algún lugar, siendo negativo el resultado

El gatito maullaba en busca de mis mimos, yo me acerqué para sacarle de la valla con mucho cuidado, como si de un cirujano fuese realizando un transplante de corazón. Sentía su pelaje caliente regocijar al tacto de mis manos y cómo el gatito intentaba corresponderme con gestos de amor y aprecio. Le examiné detenidamente en busca de alguna herida, y saqué  en conclusión (a pesar de un naturalista nulo) que el gatito estaba sano y era hembra.

Comencé a acariciarle la panza a la gatita, planeando la vida con ella, la empezé a llamarla Damisela pensando que sería un nombre de su agrado. Pero recordé que en mi familia no podía tener gatos debido a la alergia de mi madre. Pero me daba igual, vaciaría un cajón de mi armario, lo acomodaría, reservaría algunos trozos de alimento de mi desayuno, comida, merienda y cena para sustentarla. Cuando creciera buscaría alguna casa abandonada en la urbanización, la soltaría en la parcela con unos platitos de agua y pienso y la iría a ver todos los días.

Mientras planeaba su crianza furtiva, cogí a Damisela y la guardé en la bolsa de tela donde llevaba el pan, con tal precaución como si se tratara de mi propio retoño.

Conducí con cuidado la bicicleta. Cuando llegué a casa y abrí la puerta de la parcela, intenté entrar con mucho sigilo, pero tarde, me gané mi primer testigo.

"Hijo, ¿qué llevas en la bolsa de pan que se mueve?" Preguntó mi padre que se hallaba cuidando las plantas. Avanzó serio hacia mí, abrió la bolsa de pan y observó su farináceo contenido en combinación con Damisela, que jugaba con las garras a arañar la bolsa. Mi padre, enfadado, me advirtió sobre la imposibilidad de tener gatos en casa, que no podía ponerme a recoger animales así por las buenas de las calles, y que regresara a donde había cogido a Damisela y la dejara .


Consternado de lo sucedido, seguí todo lo dicho por mi padre, que a pesar de tener razón me hizo sentirme herido. Pedaleé con la bolsa donde Damisela jugaba. Llegué de nuevo a la iglesia, me acerqué esta vez al portón rejado de la valla, y con profunda tristeza y lentitud deposité a Damisela en suelo "sagrado". Me marché pedaleando a toda prisa a casa para no contemplar la posible reacción de sonidos reclamando atención de Damisela.

No recuerdo qué fue de ella, ni qué me sucedió las horas siguientes después de su abandono.



Y ahí me hallaba, recordando tiempos pasados sin motivo aparente, bajo un puente a la orilla del río. No sabía exactamente cómo había llegado ahí, supongo que conducía inconsciente.

Me bajé del coche, cojí la caja de zapatos con el gattito, y me senté al borde de la orilla a contemplar las aguas de marrón verdoso que ahora eran un río.

Abrí la caja, ví al gatito durmiendo plácidamente a pesar de  su respiración acelerada. Me era una pena saber que no tenía medio alguno de sobrevivir, no sabía qué acto piadoso podía realizar.


Una idea recorrió mi aturdido cerebro.


Miré a mi alrededor, no había nadie, sólo yo, el gatito y despojos de pescas tales como latas de maiz, pedruscos amontonados para uso como soporte de cañas y sedales de pesca cortados producto de la torpeza de algún pescador, sin olvidar restos de basura y barro por todos lados.

Levanté la bolsa de plástico de la caja, saqué al gatito y lo deposité sin despertarlo dentro de la bolsa de plástico. Cierro la bolsa, cojo una piedra y un poco de sedal. Nunca se me han dado bien los nudos, pero apaño un ancla primitiva con la piedra y el sedal y lo ato a la bolsa.



Levanto la piedra, consciente del peso de la piedra y del gatito, y lo arrojo con fuerza a lo lejos hacia las profundidades del río. La piedra logra romper la superficie parduzca del agua y se hunde con su único tripulante gatuno. Veo  cómo la bolsa se desliza en sentido de la gravedad como una batisfera llendo al fondo marino, generando pequeñas ondas en el agua y burbujeos. Las ondas se extienden hasta casi desaparecer en segundos, las burbujas vienen en grupos más reducidos...


Entonces una idea, más desproporcionada que la anterior, recorre los laberintos de mi mente.
Salto hacia las aguas cenagosas, siguiendo el epicentro del impacto de la piedra, comienzo a sumergirme con fuerza pero con dificultad en un torrente espeso y húmedo. Mi cuerpo se desliza de forma sinuosa, los pulmones hacen un esfuerzo por mantener su consistencia, mis brazos se desplazan como si fuesen remos orgánicos, siento que mi piel se convierte en un bulo entre mamífero acuático y escualo. Logro abrir los ojos sin sentir dolor, pero solo veo flotar inmundicia.

Llego al fondo lodoso del río, lleno de piedras pulidas y troncos hinchados, tanteo y tanteo en busca de un tacto a oquedad blanda. Lo encuentro, pero además tiene un nucleo duro pero flexible. He encontrado lo que buscaba, inicio un ascenso a la superficie con la mercancía que tanto esfuerzo intenté hundir.


Llego a tierra firme en los cimientos del puente, empapado en cieno tóxico, suelto la bolsa, está resbaladiza y no logro abrirla así que la intento desgarrar con mis uñas.

Entonces, mientras forcejeo la bolsa, los recovecos de mi sufrido cerebro se inundan completamente por una idea, la más radical que se me ha ocurrido de todas las ideas en los últimos momentos.



 Logro abrir la bolsa. Dentro se halla un poco de agua sucia y el gatito empapado por porquería negruzca, con todos los pelos greñosos y las diminutas fauces abiertas. No para de maullar de manera lastimosa, desconcertado de todo lo sucedido.

Saco al gatito de su ex-ataud acuático. Lo sostengo entre mis manos, comienzo a limpiarlo de toda mugre acuosa. Ya limpio pero aún mojado, comienzo a aplastar su torax. Ahora el gatito procede a  aullar dolorosamente. Sonido como de ramitas crujiendo resonaron, ví cómo su vientre se hinchaba por el esfuerzo de sus visceras a resistir la presión de mis sucias garras. Pero tarde, su panza se rajó, organos digestivos comenzaron a asomar, acompañados de músculos retorcidos, sangre, corazón, parte de los pulmones atravesados por fragmentos de costillas. Aún así el gatito continuaba maullando en agonía, cómo su cuerpo destrozado, mutilado, descuajeringado seguía haciendo un último esfuerzo por lanzar esos maullidos en busca de una ayudaque nunca llegaría.

Entonces comencé con mis fauces  a arrancarle la piel de la cabeza, a recortarle las orejas, a curtirle el rostro, sentía cómo sus últimos instantes de vida vibraban a través de mis colmillos. Empecé a despojar de carne la superficie del cráneo, despojando de toda identidad y vida al gatito. Apreté el cráneo suavemente entre mis incisivos y tiré con fuerza hasta arrancarle en un eterno adios de su cuerpo. Me relamí la sangre tanto de las manos como del cráneo del gatito con una sensación que rozaba la lascivia, lo obsceno.

Arrojé  esta vez para siempre el cuerpo machacado a las aguas de las que había surgido en un macabro renacimiento. También tiré la leche de gato, formando un ingrediente más en el crisol que era el lecho contaminado del río.




Ahora he vuelto a casa, llevando conmigo el cráneo totalmente limpio del gatito.

Lo miro, disfruto de su tacto amarfilado, de su morfología que a pesar de estar escasamente desarrollada es atractiva a la vista. Pero si lo miro fijamente durante unos instantes más, mi cerebro se llena de pensamientos: ¿por qué fui a recoger al gatito si acabaría arrojándolo?¿Por qué me pringué yo siendo el que le iría a sacrificar si podría haber sido otro el que lo hiciera? ¿Por qué me zambullí en su rescate para luego darle un destino brutal y sanguinario?¿Qué sucederá ahora si me ven con este cráneo?¡Cómo reaccionaría mi buen amigo si supiera que le he "robado" un gatito, un extraño pero inofensivo gatito que nada tenía que ver con él, que apareció así sin más en la Tierra para luego acabar muerto por mí!


Ahora me veo como un ente antropomórfico supremo, un monstruo-deidad que se ha cobrado su sacrificio de forma caprichosa. Pero me debato entre dos grupos de sentimientos sin saber cuál de los dos es más doloroso o contradictorio:
tristeza y lástima por aquello que nunca pude disfrutar, regocijo y éxtasis por un acto sucio y gratificante.

lunes, 29 de junio de 2015

Quimerus en la Gamergy

QUIMERUS EN LA GAYMERGY



El fin de semana pasado marché a la Feria de Ifema en Madrid para asistir a uno de los mayores eventos videojugabilisticos de España. Marchaba con una mochila llena de galletas, jamón y ocho CDs con Dwarf Fotress grabado en su interior, hacía calor, todo estaba lleno de gente sucia y maloliente en el Metro, mi escroto se hallaba en un interno estado de ebullición como si de un reactor de fusión  nuclear se tratara.

Pero avancé sin tregua alguna hacia el Campo de las naciones.



















Antes de la entrada docenas de repartidores de folletos propagandísticos me asaltaron: conciertos mierderos de la banda sonora de Zelda Ocarina of Time, cursillos sobre edición de minecraft con famosillos de turno de twitter que olía a timo, papel higiénico en forma de periódico...

Cuando logré entrar en la Gamergy, más propaganda me asaltó: revistas de PlayStation donde SONY te intentaba convencer de que volver a pagar por jugar en internet merece la pena ,catálogos de PCs donde no aparecía ni un solo precio (aunque seguramente sean números de cuatro cifras), códigos regalo de G2A de un euro para alquilar juegos por Steam...


Pero al fin tras pasar toda esa aduana ciberpropagandística me hallaba en las entrañas de la Gamergy, un festival de luces borrosas, prepúberes imberbes codeándose con moles treinteañeras, tipejos disfrazados malamente de Mario o Ezio Auditore, magnates maliciosos orquestando la presentación de su último producto audiovisual, algún que otro popular usuario de Youtube posando para ser fotografiado, sin olvidar de una colosal proyección del exageradamente famoso League of Legends...


Algunos simios ven futbol, otros se deleitan viendo otros simios en partidas 5vs5



















Abrí mi paquete de galletas procediendo a reestablecer los niveles de azúcar en mi ponzoñosa sangre, alguna mano ajena intentaba abalanzarse sobre mi vituallas, sumándose ipso facto a mi organismo de un centelleante bocado.


Guardo las galletas, entre toda esa marejadilla de gente me dirijo a un cubículo blanco donde en su interior hallo montañas y montañas de periféricos de ordenador a precios desorbitados, acompañados siempre por el mismo lema donde se prometía la victoria en la batalla (suponiendo que unos cascos ProGaming Xtreme sean en realidad una Excalibur camuflada).


Incluso encontré mierda como esta:





















E incluso esto:



Me cuesta creer que la gente pague sumas desorbitadas por unos miserables vidrios de botella



















Después de alejarme de ese Emporio electrónico, paseé por la colosal plaza lúdica que era la Gamergy adentrándome en todo espectáculo que hallaba:  campeonatos de Smash Bros, alguna que otra pequeña actuación de cosplays del ya requemado League of Legends, juegos de rol en ese clásico formato de tablero en mesa donde la gente jugaba a Magics, Catan y creo que logré atisbar a unos caballeros jugando una variante de Dragones y Mazmorras...

Hallaba también decenas y decenas de PCs donde la gente, como no, jugaba al League of Legends (maldición, es la nueva cocaina), exposiciones de la nueva (valga la redundancia) New Nintendo 3DS donde se podía jugar a Pokemon, Xenoblade o Zelda, una proyección del ¿decimotercer? Call of Duty que ha salido en menos de 15 años, acompañado por una hueste de descerebrados deseosos de probar lo mismo de siempre, algún que otro evento donde podíamos ver a Meristation ofeciendo jugar al nuevo Batman o simplemente haciendo propaganda, o SONY intentado impresionar al público con un catálogo un tanto repetitivo...


¿Por qué jugar a Pokémon Rubí en Game Boy cuando puedo volver a pagar por jugarlo en New 3DS




















La exposición de SONY fue un éxito...



















También me tropecé con alguna cara conocida, como Batman y Robin (suponiendo que midan 2 metros con 20 cm) o al campechano de Outconsumer rechazando amablemente galletas de sus fans, al cual le robé un autógrafo y le entregué un CD de Dwarf Fortress...


Cierto, en la Gamergy me dediqué a repartir 8 copias del supremo, magnífico, brutal Dwarf Fortress (algún día hablaré largo y tendido sobre él) generosamente a todo aquel con el que tropezaba:


LISTA DE CAPULLOS QUE RECHAZARON DWARF FORTRESS
 -Una mole tragadoritos que durante horas no paró de ver un bucle de Call of Duty ("No quiero viruz")
-Una princesa Peach con cara de circunstancias y con un corsé tan jodidamente apretado que apenas cabía su columna vertebral


LISTA DE MEGAHEMBRAS Y ULTRAMACHOS BENDECIDOS POR DWARF FORTRESS
- Un tal Sr Liezzan (aunque se rumorea que un franchute se hizo con el juego en realidad)
-Pep Sánchez, jefe redactor de Meristation (me miró extraño al ver que el disco no llevaba 10€) 
-Un estratosférico Batman, le prometí que Dwarf Fortress es lo jugaba Alfred en la batcueva
-Outconsumer, quedó sorprendido, espero que sea capaz de superar su torpeza y jugarlo
-Un tío de casi dos metros tanto de alto como de ancho, acompañado de una señorita de aspecto simpático. El susodicho individuo demostró ser enrollado y tener muy buen gusto videojueguil manifestando en su camiseta cierto fervor por Dark Souls y Solaire
-Una chica de inevitable atractivo
-Cierto ente misterioso de cuyo nombre ni rostro tengo recuerdo
-Cierto aficionado al metal, poseedor de un amuleto de The Witcher y excelentes tatuajes en la mano salidos de Dishonored y Bioshock


Qué más decir, estuve jugando al Alien Isolation en un PC Masturb Race a 1080p y 60 fps pero con una tarjeta de sonido disfuncional (todo mudo, perdiendo todo su encanto esta joyita del género survival), probé una partida multijugador en Splatoon con una WiiU hortera de manejar, machacando al equipo rival azul y ganando un poster enorme del susodicho juego (por el otro lado era un poster de Smash Bros/Mario Kart), digerí hectolitros que repartían los conductores de una Pick Up-nevera gigante de Mountain Dew, fuí a ver combates no tan sanquinarios (ay la censura) del Mortal Kombat X, me  llevé una gorra de buenos materiales (cómo no, me lo lleve por la gorra, sin meter ni un duro y saliéndome este redundante pareado), ví los cuartos del final del en-todos-los-sitios League Of Legends sin ver diferencia entre cada partida...



En fin, fue una gran experiencia, conocí gente guay, me cachondeé de todo lo cachondeable y gorroneé alguna que otra cosilla.


La Gamergy es un lugar cojonudo, volveré, con más ansias que nunca. Y espero veros allí cabroncetes...

lunes, 4 de mayo de 2015

La alucinante Bibo burguer

Encontrábame con unos amigos (en efecto, que sea un caníbal reprimido no me hace un ser asocial), paseando por unas conglomeradas calles en pleno centro urbano cuando de repente, mi tracto digestivo empezó a gorgotear fluidos biliares: era clara señal de apetito y necesidad de nutrirme.

Por suerte, mis acompañantes también tenían a sus tractos digestivos exigiéndoles comida, así que me ahorré el esfuerzo de recurrir a alocadas amenazas para coaccionarles a comer inmediatamente.

El lugar a escoger: un sucio, mugroso, pestilente y abarrotado McDonalds. Estaba enfrente del local, cegado con cierto dolor ante esa "M" antinatura y amarillenta y dudando de entrar, pues soy reacio a McDonald y la mugre que llaman "hamburguesas". Mis amigos, estaban dispuestos a asumir el riesgo de intoxicarse así que les acompañé en caso de que alguno necesitase atención fúnebre. Me fijé entonces entre los chillones carteles de propaganda y los mocosos prepúberes exudando hormonas, una promoción: la Grand McExtreme Bibo.


Ante aquel nombre tan rimbombante y extremadamente gay, me quedé prendado. Necesitaba una, anhelaba una, mataría por una.

Me aproximé al mostrador, donde una dependienta  atareada y con el rostro demacrado me atendió. Yo, como buen cliente, pregunté con cortesía:

-Buenas, quiero esa hamburguesa con pinta cojonud..
-Calla coño, espera- Dijo la dependienta. Entonces, vi cómo se agachaba bajo el mostrador para instroducirse con fuerza lo que parecía ser caspa por la nariz.-Aaaah, si claro, la hamburguesa Bibo de marras, ahora va.

Y en un pis pas, la dependienta me trajo una sudorosa y caliente bolsa de papel con estampados dignos de dibujos coreanos. El aroma que desprendía era extraño pero embriagador. No podía esperar más: necesitaba probar ese gourmet genérico que tenía entre manos.

En efecto, la hamburguesa eyaculó al verme



















Lo cogí entre mis manos. El pan tenía  tacto a madera, y por su aspecto estoy seguro de que realmente estaba hecho de la leña de los crematorios de algún campo de concentración nazi.


La lechuga tenía aspecto de plástico barato, al igual que la cebolla. La carne parecía un hígado disecado en asfalto, probablemente hecho con el cadaver de algún perro atropellado.
Y rezumaba una amarillenta loncha de queso, acompañada de un inmiscuible líquido blancuzco de extraña naturaleza.


Dirigí pues la hamburguesa a mi amenazante mandíbula, y con mi musculosa dentadura, arranqué un pedazo.
Comenzé a masticar violentamente tan dudoso manjar, paladeé la carne, hallando matices pestilentes, relamí los vegetales sudorosos... y súbitamente exclamé:
-Ostia puta, esta salsa es de setas alucinoglglglglgl...



Por mi barbilla inerte empezó a gotear una saliva macilenta. Todo a mi alrededor empezó a desvanecerse.



Estaba todo oscuro, intentaba dar pisadas a un suelo indistinguible del fondo. De repente, ante mis narices se me presentaba una montaña de fastuosas proporciones, de laderas rojiblancas, y destacaba una cima compuesta por un águila calva pero de espesa y colosal barba. El águila dirigió su mirada cual foco escogiendo un concursante en un plató de TV.

-Hey jodeputa, hora de probar el sabor de la libertad- graznó la montañosa águila.


Acto seguido extendió unas poderosas alas huracanando el ambiente, su frondosa barba me absorbió como si de un agujero negro de propiedades extrafísicas fuese, me transportó por un túnel de sabrosas imágenes y coloridos sonidos jamás imaginados por ser humano en la Tierra.

Entonces aparecí sobre un ring, desafiando así toda norma literaria si es que alguna vez ha habido una.
A mi alrededor veía un público compuesto por monjes shaolin sedientos de sangre, platicando ruidosamente.
Entonces en medio del cuadrilátero  surgió un diminuto árbitro, empuñando un micrófono como si de un lucero del alba fuese, y se dirijió al público:
-Daaamos y caaaballeraaaas, hoy auditamos el combate del milenio. Un combate de fuerzas cósmicas sin igual, sin amaños, sin tediiiooooooooo. A mi izquierda tenemos a nuestro visitante, con un peso de 1013 toneladas, puro concentrado de titanio,napalm , huesos y deuterio enriquecido..... ¡Quiiiiiiiimeeeeruuuuuuus!


Los monjes shaolin estallaron en ovación, yo automáticamente me moví con pesadez al centro del cuadrilátero.
 El árbitro volvió a hincharse el pecho, literalmente, hasta convertirse en un zepelín del 3er Reich lleno de megáfonos.

-Y en la eeeeeesquina derecha tenemos al mítico, al leyenda de leyendas, un  hombre salido de la norteamérica profunda, jamás ha conocido derrota alguna, imitado por unos, plagiado por otros, inigualado por nadie: ¡Rooooooooocky Marcianooooooooooooo!

En efecto, enfrente mía se acercaba el archifamoso peso pesado  que jamás fue noqueado, Rocky Marciano. Me miró a la cara, yo le enseñé mi dentadura llena de clavos y dientes, él no hace ningún gesto porque su rostro es un patatal de cartílagos y coágulos.


Entonces, del fascista Zepelín surge un oficial de las SS sentado en un trono de calaveras, levanta el brazo y grita:

-Atención Kombatientes, a sus esquinas. Las reglas son sencillas: ¡Kombate a muerte!


Entonces las campanas del apocalipsis sonaron, dando la señal de inicio. Adopté la postura de defensa, pero Rocky Marciano ya estaba machacándome el costal derecho como si su mano fuese un martillo pilón. Yo intentaba esquivar y aguantar sus golpes, intentaba ver donde acertarle, pero los esquivaba con rapidez.

Entonces me arriesgué. Mientras Rocky Marciano realizaba una especie de swing inclinado hacia abajo con su diestra, yo con mi zurda realicé un uppercut supersónico dirigido a su mano derecha.

El impacto habría sobrepasado el límite de la escala Ritcher. El guante de boxeo de Rocky Marciano se hinchó como un globo, y estalló en una lluvia de hemoglobina y huesecillos  astillados. Pero mi puño no se detuvo: atravesó su muñeca,  despedazó los tendones que unían el cúbito y el radiocon la mano, ambos se alejaron entre sí degarraron la piel del antebrazo y formando una tétrica ballesta con los músculos arrastrados.

Pero mi puño siguió, no paraba, y además de aplastar  el húmero de Rocky Marciano, se llevó por delante su omoplato sin antes incendiar su torax por fricción.

Claramente había derrotado a  Rocky Marciano, el cual  se retorcía por el suelo mientras sus pulmones ardían. Yo sin embargo empecé a ascender, es como si mi puño fuese la cúspide de un cohete; porque en efecto, mi puño era la cabeza de un cohete, mis pies propulsores al rojo vivo.

Ascendí hacia el firmamento, atravesando el Zepelín nazi y flameando a su tripulación(hummmm, würst tostada y crujiente).

Acababa de convertirme en un misil interplanetario escapando de la gravedad terrestre a más de 50000 metros por segundo. No sabía a dónde iba, pero solo deseaba ir más lejos en pos de las estrellas.

En mi trayecto sideral, encontré un enorme feto tumoroso flotando en el espacio. No tuve reparos en atravesarlo y dejar un rastro de liquido amniótico flotando en el vacío.

Y no fue mi único encuentro: ante mí se apareció ese plagio barato de Zeus con pijama que es Dios, al cual le enfilé sus divinas pelotas, reduciendo la trinidad a padre y espíritu santo y quitando de en medio al hijo.

Mi viaje no se detuvo, quería ir más lejos, sabía que encontraría algo alucinante. Entonces, vi maravillado, extasiado, cómo a lo lejos se me aparecía un astro, un astro legendario...


¡La Estrella de la Muerte 2!

Entonces, en un sentimiento Freudiano, me dirigí a su enorme brecha.
Sentía cómo el Emperador me miraba a través de su torre de mando, con cara de constante lascivia, murmurando " Si, siiii, ven al lado oscuro". Y la penetré.

Y surgió una ultratitánica explosión acompañada de un orgásmico eco por toda la galaxia, sentía cómo mi cuerpo realizaba una fusión nuclear y eyaculaba radiación espasmosamente...



...y de repente, me hallo aquí. No recuerdo mucho desde que comí esa hambruguesa. Solo puedo decir que nunca la volveré a comprar (tal vez robar,  incluso emular) y que me duele mucho los testículos.

Creo que se a dónde ha ido a parar la salsa de setas...

sábado, 11 de abril de 2015

Hotline Miami 2: Wrong Number



LA SECUELA DEFINITIVA



¿Es la violencia divertida?

Sí, lo es. Es toda una explosión de placer, produce toda una gama de excitantes sensaciones: ira, alegría, miedo, alivio, desesperación...

No hay excepciones: todos tenemos un sentimiento sádico al prójimo. Es ley de vida, como la búsqueda de la felicidad o la certeza de la muerte.

Hotline Miami 2: Wrong Number es una fantasía surrealista salpicada de hemoglobina, una opera prima a la violencia, una oda inteligente a la brutalidad, y también una elegía magnífica para finalizar una saga iniciada por el ya genial primer Hotline Miami.

Porque Hotline Miami 2 va más allá de ser un mero placebo para esos "drugos ludicoelectrónicos" que son los jugadores (ahora conocidos más con el bárbaro nombre de "gamers"): es toda una sensación audiovisual.

En efecto, Hotline Miami 2: Wrong Number me ha gustado, no, eso se queda corto, es tremenda y jodidamente cojonudo. Los creadores, Dennaton Games, me han provocado orgasmos hasta en los sobacos.














Hotline Miami 2 se mantiene fiel a su antecesor en su estilo audiovisual: gráficos que recuerdan a los primeros videojuegos de 16 bits que salieron en Sega Megadrive, Amiga y demás plataformas que conjuga con una estética de televisión catódica, todo acompañado de esa música  etérea con ligeros toques ochenteros de música electrónica o acordes metálicos arrancados con fuerza que acompañan estupendamente a sus dosis de sangre.

Pero HM2 los mejora, los pule y evoluciona todos esos detalles: escenarios más grandes y mejor diseñados, paletas de colores mejor cuidadas, mayor variedad de situaciones, un recopilatorio de melodías aun más grueso de banda sonora, una historia con múltiples tramas que logran enlazar tanto con la(s) trama(s) del anterior Hotline Miami como entre ellas...

HM2 es claramente mejor que su antecesor, la única pega que le he encontrado es que la libertad de estilos de combate respecto a su antecesor está reducida: sí, las máscaras se han mantenido pero ya no son tan variadas que nos permitían crear nuestras propio estilo de combate. Ahora elegimos personajes o una clase de items (armas o accesorios, y también algunas máscaras en ocasiones especiales) pero que están sujetos a determinadas misiones por motivos argumentales.



Y menuda historia. El arco argumental del juego ha pasado de cubrir  meses a alternar  constantemente  distintos años, haciendo sentirse al jugador desorientado, perdido entre los hechos (lo cual, como en la película "12 monos" tiene también sus motivos) y además ya no todos los hechos están localizados en esa Miami de finales del siglo 20, también tendremos situaciones bélicas en una isla Hawaiana durante la Guerra Fría.






No hay nada mejor que el olor a fritanga siberiana




También contamos con distintos personajes, desde a un extraño grupo de jóvenes enmascarados con una adoración homicida a Jacket, el protagonista  del primer Hotline Miami (y ahora puente narrativo entre ambos juegos) a un detective carente de escrúpulos e incluso  a un jóven jefe de la mafia rusa que anhela restablecer la organización delictiva de su difunto padre. Tambie´n aparecen viejas caras conocidas del anterior Hotline Miami.
Por supuesto hay más personajes, algunos incluso son jodidamente sorprendentes(como esa entrañable pareja de cisnes armados con motosierra y pistola) tanto en su historia como en su manejo, y todos hilvanan a la perfección dentro de la historia, para concluirla de manera radiante.





Sobre la jugabilidad de Hotline Miami 2, el punto fuerte de esta entrega.

En PC los controles son sencillos: nos movemos con ese WASD que popularizó Quake en su día, ratón maneja la cámara, click izquierdo asestamos golpes letales, click derecho cojemos armas y si pulsamos otra vez  las arrojamos con fuerza destructiva, Espacio para terminar la faena con aquellos enemigos y Shift  para echar un vistazo a lo lejos.

Por supuesto si escojemos algunos personajes o items los controles cambian: espacio para esquivar rodando, click derecho usamos un arpa secundaria...

Hay más armas con sus distintos tamaños, velocidad, alcance, precisión... incluso nuestros puños. El juego nos favorecerá si decidimos practicarle una cirugia estética radical con un hacha o bate de beisbol a algun enemigo en vez de recurrir a armas de fuego. Pero se intercala una enorme variedad de enemigos por zona y no todas las armas nos servirán (los perros de presa son casi imposibles repelerlos con las manos desnudas, los enemigos gordos y sebosos  sólo se doblegarán ante una buena lluvia de plomo y aquellos más escurridizos sucederá al revés: las balas serán inútiles pero no hay nada que un martillazo no pueda arreglar).







Usar skate puede provocar daños colaterales...







La dificultad ha aumentado, hay más enemigos por pantalla, los escenarios al ser más grandes cuesta detectarlos, y todo acompañado de la misma premisa: un golpe, muerte. Suerte que podemos repetir  oprimiendo violentamente la tecla R (créeme, compra una veintena de teclas R, si es que no te estallan los dedos antes) para volver a comenzar de nuevo la matanza antes de que fuesemos defenestrado.

Nuestra forma de jugar se verá reflejada en un resumen al final de cada misión donde podremos ver en cifras el caos que hallamos ocasionado en forma de rapidez, variedad de armas, sigilo y víctimas defenestradas en un combo.  Y si lo hemos hecho bien el juego puede que nos premie con un nuevo item o máscara o incluso nos  saquemos una dorada S de nota final.

Como podemos ver, la jugabilidad es magnífica. El único fallo (el que he encontrado en todo el juego) es que la IA se pinza con algunas zonas del escenario (sobretodo puertas abiertas), lo que le hace prácticamente inmortal pero la incapacita para matarnos, que puede empañarnos un buen combo





En resumidas cuentas, Hotline Miami 2: Wrong Number es GLORIOSO

Un elenco de misiones genial, diseño vistoso, banda sonora que seguramente se convierta en atemporal, dosis de acción y masacre acompañadas de una narrativa y diálogos bien situados nos da una experiencia genial al terminar el juego. Además al completar el juego y disfrutar de un explosivo final, podremos rejugarlo en un modo aún más chungo sólo para megamachos y megahembras, el cual tiene más escenas y explicaciones que la historia original.


Nota el el preciómetro (Lo que estaría dispuesto a pagar/lo que vale el juego):


9001€/15€


¿Qué haces ahorrando para un coche nuevo? Compra Hotline Miami 2.

 ¿Estás el último en una lista de transplante de hígado y buscar vendedor en el mercado negro de órganos? No seas subnormal, compra Hotline MIami 2 en vez de un grasiento saco rojizo relleno de foie-grasse.

¿Mantienes a tu abuela en casa? Prostitúyela por un juego de Hotline Miami 2. ¿No tienes abuela? Pues prostitúyete, tu virginidad anal bien vale  un Hotline Miami 2

Olvídate de Zeus, de  Dios, de Jesucristo, de Buda, de Hitler, de Confucio, de Carmen Electra, de Allah, de Shiva y demás figuras e imágenes de cultos absurdos.
Desde ahora Dennaton Games son tus nuevos entes divinos y los rezarás jugando a Hotline Miami 2: Wrong Number.


¿No quieres jugarlo? Pues ojalá una banda de cuervos te perfore el craneo a picotazos y se caguen en tus sesos