miércoles, 14 de julio de 2021

Sobre mi único odio sin sentido

     Yo lo admito. Soy una persona pasional. Me pongo rápidamente nervioso y entro al trapo con cualquier tema. Ya sea sobre qué coches son mejores (aun nunca habiendo pasado de cambiar el aceite o la rueda a alguno),  sobre el inexcruciable dolor que es existir en este mundo, o cómo cocinar con un horno. Da igual, entro al trapo automáticamente. Cojones, el mismísimo origen de este blog es porque me va opinar cual tertuliano esquizofrénico.

    Pero, al final del día, muy al final ciertamemente, hay moderación. Y si he errado con mi opinión, corrijo lo equivocado. Siempre fundamento todo lo que hago de la forma más empírica y racional que mi cerebro es capaz de procesar. Nunca actuo con rencor infantil.

    Salvo un tema.

    Los platanos.

    No los tolero. Un torrente de intransigencia me invade. Aberro su olor, su tacto, sabor, aspecto...A lo sumo doy cabida a su imaginería. Cuando un plátano se planta ante mi cara, ya sea en el super o alguien comiéndolo por la calle, inconscientemente el rostro se me torna en una mueca desagradable y taciturna. Algo así.

    

Mirá lo que descubrí de Wilson Fisk - Humor en Taringa!


    Mi odio es puro e irracional. 

 

    Las venas se me llenan de vinagre, del estómago me empieza a ascender reflujo a cal viva. El humor vítreo de mis ojos se nubla, los dientes me rechinan como hierro quemado. Miles y miles de ondas eléctricas salen de cada una de las células de todo mi cuerpo, recorriendo la espina dorsal y aunándose en lo más recóndito de mi mente, como un fantasma, que sale despedido en forma de un géiser de manía cáustica.

    No tengo nada en contra de las islas Canarias, están habitadas por buenas gentes, incluso he tenido algúna amistad o romance con personas nacidas en Canarias. Pero de ser necesario para la extinción del plátano de Canarias y sus allegados, bombardearía con napalm el archipiélago africano. Sin remordimiento, sin lágrimas.

    Aún más. Si tuviese que dar la vida para garantizar la completa extinción de los plátanos en la Tierra, lo haría. Aunque supusiera una muerte agónica y lenta como el deslizar de un caracol. Incluso a pesar de que no tendría sentido borrarme del mapa si no voy a tener que compartir mi existencia con más plátanos. 

     Símplemente, la gratificación de saber que ni yo ni nadie más comerá plátanos me es suficiente para ir con la conciencia en paz a la tumba o fosa que me toque como destino.

 

    Yo no pido ser un mártir, sólo lo justo: un mundo libre de excesos bananeros.



    Bueno compadres, ¡hasta la próxima!




miércoles, 29 de mayo de 2019

Hellboy (2019): Mejor vete al averno

O a ver un partido de la Champion, para mí es lo mismo.

Hace ya más de diez años que se estrenaron las dos primeras películas de Hellboy. Basadas en los comics de la editorial Dark Horse y dirigidas con más o menos gracia por Guillermo del Toro, fueron estupendos cuentos de fantasía y horror en mayor o menor medidas bien filmados.

Hellboy 2019, no lo es.

Fan-art de la atrocidad en cuestión. Cortesía de Andrés Collado.


Como en las anteriores películas, el comienzo es un pequeño cuento. En este caso el rey Arturo y sus fantabulosos caballeros  están combatiendo hordas de la plaga  engendradas por  magia oscura, culpa de una malvada bruja llamada Nimue la Reina de la menstruación abundante Sangre.

Pero el rey Arturo es un bling bling boy y en su brillantuda armadura XXL y con Excálibur y Merlín a su lado logran derrotar a la bruja Nimue. La despedazan en 7 cachos y manda a sus caballeros pachorreros con un cacho de bruja cada uno a rincones remotos del mundo. Algo así como pedir por Amazon dilatadores uretrales de Afghanistán.

Obviamente dividir a la bruja en siete trozos no es suficiente para detenerla. Seguro que alguien consigue juntarlos todos. Pero el rey Arturo no sabría contar más allá de siete así que siete cachos debió de parecer muchos.

A partir de aquí, me perdí.

Aparece Hellboy, antaño retratado como un macarra descarado, ahora es un niño gigante gangoso e indignado constantemente (como yo, incluído la piel roja, pero en mi caso porque me he quemado haciéndome el chulo sin camiseta bajo el sol de Mayo). Y con un jeto que parece que se ha caido veinte veces por las escaleras.

Sé que Hellboy tiene que visitar Inglaterra porque, ah sorpresa, alguien está reuniendo a la bruja Nimue por fascículos. Se encuentra con más jolgoriosos caballeros, que se dedican a vestir de mayordomos si no están cazando gigantes.

Joder recuerdo que durante sus aventuras con los alegres caballeros machacagigantes, no paraba de haber escenas de transición de caballos galopando.

A decir verdad la película está plagada de transiciones. Siempre es Hellboy llendo de un sitio a otro. No me extrañaría haber encontrado una secuencia de Hellboy de paso comprando desodorante y pañales de adulto en un Lidl. O Hellboy llendo a bañarse al río (oh, espera, eso sí ocurre, ups perdón por tan grande spoiler).

Literalmente la película es quedarse sentado viendo cómo te presenta personajes para luego relegarlos a la irrelevancia. Cada escena dura como mucho dos minutos, matando cualquier posibilidad de crear pulsos narrativos o giros de trama. Si no dejas fluir la acción de una escena, lo que haces es meramente matar la continuidad de la película y convertirla en una sucesión de decorados y diálogos inconexos entre los personajes.


Podría pararme a explicar la importancia de montar y editar una película a la hora de presentársela al espectador, pero da mucha pereza hacer de profesor sabihondo.

Todo en la peli es irrelevante para la trama. Oh sí, Lobster el nazisterminador aparece rescatando a Hellboy con su papá mafioso, la señora que vende fish and chips en Inglaterra tiene un subfusil,que están fabricando una bala de plata para matar a Hellboy en caso de que sea malvado (¡sorpresa, no la usan porque Hellboy ha sido siempre un buen tío!). Todo es irrelevante.

¿Quieres un resúmen de la peli?

1-El rey Big McArturo convierte en un puzle a la bruja Nimue.
2-Hellboy se pira a Londres porque se lo pide su papá el Padrino; allí se dedica a matar el tiempo haciendo otras chorradas como conocer a su compañero de aventuras Nº 2 y compañero de aventuras nº3.
3-Lo inevitable pasa: Nimue convoca una horda de monstruos neogóticos para arrasar Londres, pero qué bien, resulta que al lado estaba Excalibur, y Hellboy la usa para mandar a la bruja Nimue a Infiernolandia a hacer yoga con el rey Luis XVI.
 4-Escena de dos minutos para dar paso a una secuela y...créditos finales con los criminales responsables de hacer la peli.

¿Cómo lo habría hecho yo la peli? Mandar por paquete express a Excálibur enganchado a un muelle a ver si la bruja Nimue pica y se decapita ella sola. Así Hellboy habría tenido tiempo para ir a la escuela de adultos a estudiar telemarketing u opositar a jardinero municipal.


 Tengo ganas de irme a dormir así que voy a ir acabando. Creáis o no, la biología sí condiciona al escritor. Me habré dejado algún par de cosas en el tintero (el maquillaje FX bastante decente, personajes de la mitología rusa...), pero sudo enormemente.

 ¿Realmente merece la pena estirar una saga a base de mediocridad? Nope.
¿Realmente era necesario hacer un reboot para renovar la saga y romper con el público de la anterior? Que no ¡coño!

Duele mucho ver cómo mutilan el nombre de buenas películas porque la productora de turno quiere hacer unos millones de más de forma segura, rápida y sin pasión.

No veáis la peli de Hellboy (2019), y menos aún en España, donde ha sido fuertemente censurada para abarcar al público preadolescente. Tampoco os molestéis en ver la versión americana sin censura, he sufrido la miseria de ver ambas versiones (¡sí, me la he tenido que tragar dos veces!) y tampoco mejora, sólo hay abundancia de mutilaciones.

Donde realmente pertenece Hellboy


Hasta la vista público, iros a ver "La tumba de las luciérnagas", al menos os echaréis unas risas.

domingo, 9 de septiembre de 2018

La Monja: una película (in)olvidable

Decíamos ayer...

El viernes pasado fue el estreno de "La Monja", una especie de spin-off de la saga Expediente Warren. No he visto ni una peli de la susodicha saga, pero pondré la mano en el fuego para decir que van sobre posesiones y que es del palo "El exorcista".
¿El por qué de ir a ver una peli de la cual no sabía nada de su existencia hasta hace dos días? Pues porque mi círculo social quiso ir a verlo, y además de desconocer la virtudes de la película, no había nada más interesante que ver en la cartelera del cine.

Ahora al grano con la peli: la peli va de una abadía que parece el castillo de Castlevania  y por lo que sea, bam se desata el mal satánico: monjas demoniacas, monjas suicidas, monjas blackmetaleras...


Como a día de hoy los derechos de imágen y copyright están muy quisquillosos, os ilustro con un "fan art" de la portada de la peli

Todo ocurre en los años 50, pero en ningún momento aparece Elvis Presley, una oportunidad desperdiciada.

A partir de aquí pues es el típico cliché que en su día perpetuó la película de "El exorcista". Se llama a un supercura detective con un pasado tortuoso, hacen acopio de un par de personajes más (una aspirante a monja y un paleto canadiense-francés), visitan el lugar, el cual está obviamente maldito y ni los habitantes del lugar lo visitan, voces, tumbas uuuh aaaaah...

Podría destripar la trama de la película entera pero...es un coñazo. Salvando algunas cosas como las actuaciones (que no son gran cosa pero cumplen) y los efectos de luz y maquillaje, la película es poco memorable y tremendamente predecible.

¿Ejemplo? En una escena los protagonistas entierran a una monja novicia. El cementerio de la abadía está lleno de tumbas con campanitas, una referencia a la época de la peste negra donde a veces por accidente se enterraba a gente viva. Para evitar equivocaciones se ataba dentro del ataud un lazo a la campanita para que el enterrado pudiera avisar de que seguía vivo. Dos minutos de peli después, el supercura lo entierran vivo y hace uso de la campanita. Los guionistas escribieron la historia tirando de videotutoriales de Youtube.

Otra parte coñazo es los incesantes momentos silenciosos que predeciblemente conducen al jumpscare, o que se vea a la espalda a la MonjaTM y tirarte 10 minutos esperando a que reaccionen los protagonistas a su perseguidor. Mi experiencia literal con la película era predecir con bastante acierto lo que sucedería en cada momento de suspense y esperar impaciente a que se desencadenara el susto para pasar al siguiente encadenado de tensión-susto.


Iba a ponerme a dibujar una escena donde la palman muchas monjas, pero era difícil y me he entretenido con otra chorrada.

Las únicas escenas divertidas (o que al menos me entretenieron) de la película son dos:

-Una en la que se muestra el castillo en el medievo, donde una panda de templarios entran arramplando, ni mas ni menos que armados con la sangre de Cristo embotellada para cerrar un portal al Infierno y transformarlo en convento.

-Una breve secuencia donde el portal al infierno se reabre debido a bombardeos de la 2a Guerra Mundial por parte de aviones de los Aliados (cabe decir que el castillo está en un rincón apartado de cualquier vestigio de civilización, el porqué de que los ingleses ataquen un lugar de nulo valor estratégico no puedo más que achacarlo como mucho a que temen que los castillos de Europa del este rivalicen con sus castillos anglosajones).


Por lo demás, me aburrí, intentaba buscarle un significado extra a todo plano que veía, pero solo me encontraba con referencias comunes al Anticristo (cruces invertidas, serpientes...).

Mirando las productoras que se encargaron de crear la película, me he topado con una que tenía la opción de ponerse en contacto con ella:








































Con suerte igual me contestan, puede que incluso me haga rico con la idea que les he sugerido...





Bueno, se me está haciendo de noche, concluiré diciendo que  NO VAYAS A VER LA PELI DE "LA MONJA" (salvo que te gusten las pelis de rollo sobrenatural/miedo, pero sólo si te gustan mucho).

"La monja" es ese tipo de pelis que no son lo suficientemente buenas para que las tengas en estima, pero no tan malas como para que te puedas echar unas risas a costa de sus fallos (véase Kárate a muerte en Torremolinos ).

Si tuviese que recomendar otras pelis de miedo, diría algunas como "Nosferatu" (la criatura de "La monja" se parece sospechosamente al vampiro de los años 20...) o "Alien, el octavo pasajero".


Me despido con un posible póster para la nueva peli de terror que he propuesto a los productores:


¡Ahora con extra de Paranormal!




PD: la próxima entrada del blog será menos mierdosa, ¡lo prometo! (o no, jodete jajaja).




sábado, 17 de junio de 2017

El doloroso suceso del abuelito Pin en Carabanchel

En el absurdo año de 1989, en el infame barrio madrileño conocido como Carabanchel, acaeció uno de los sucesos más extraños pero escasamente conocido de la historia de España. Antes de comenzar a relatar nuestro relato, hay que dar a entender que esta historia está co-protagonizada por dos personajes de lo más variopintos.

Uno de ellos es Anselmo de Guisada Núñez, un jóven amargado de 27 años que vive su breve vida sumido en el fracaso y la rutina (la cual intenta compensar con el sueño de algún día ser músico), teniendo por tarea ganarse a base de trabajos de dudosa legalidad el sustento para él y su único familiar ( lo cual nos lleva al siguiente personaje)...

Don Alfonso-Pineda Núñez Hortelano (conocido por su familia como "abuelito Pin" es un anciano de 72 años lisiado desde las vértebras cervicales hasta parte frontal de los muslos debido a que durante la 2a Guerra Mundial fue uno de los tantos soldados mandados por el gobierno dictatorial franquista a ayudar a las tropas del 3er Reich en la batalla de Leningrado. Durante una refriega, el abuelito Pin fue asaltado por un soldado del Ejército Rojo armado con un subfusil PPSh-41. La intención del soldado era reventar jocosamente los testículos del abuelito Pin, pero la imprecisión del arma automática junto a la torpeza combativa del soldado bolchevique sólo llevaron a rociar las 71 balas del arma alrededor de los glandes sexuales del abuelito Pin, dejándolo paralítico pero con un miembro viril completamente funcional con el que perpetuar, si era menester, su descendencia y de paso explicar evidencialmente la existencia de su nieto Anselmo.

Hecho ya el prefacio, nos zambullimos en la historia.

Estaba Anselmo en su piso cocinando  pobremente una judías pintas para deleite de su abuelito Pin, el cual chapoteaba puerilmente en la mugrienta bañera que servía en aquellos momentos para combatir los calores veraniegos que tan comunes eran en Junio. Dejando hervirse las judías, Anselmo se dirigió al baño para ayudar a sacar a su abuelito Pin de la bañera. El abuelito Pin era de cuerpo bajo pero redondo y desproporcionado hacia los lados, contraste chocante con sus flácidas y diminutas piernas a la vez que con su rostro encogido y arrugado cual arcilla reseca.

-¡Pásame las gafas que no veo nah!-bramaba el abuelito Pin.
-Espérate a que te saque antes abuelito Pin- decía Anselmo mientras sacaba dificultosamente a su abuelo de la bañera.
Tras enderezarlo sobre el borde de la bañera, Anselmo le colocó cuidadosamente las gafas.

-¡Tengo que cagar!-chilló el abuelito Pin nada más asentársele las gafas sobre la nariz.

Anselmo empezó deprisa a levantar al abuelito Pin, el cual no paraba de chillar su necesidad de excretar. La tapa del váter y el ano disfuncional del abuelo dificultó el proceso pero al fin el abuelito Pin estaba sentado y comenzó a soltar deposiciones estrepitosamente.

-Abuelito Pin podrías haber cagado antes de bañarte sabes, vas a volverte a manchar de nue..
-Yaterminao, enga a comer-interrumpió el abuelito Pin.

Anselmo vistió a su abuelo con una camisa de tirantes y unos pantalones de pana y lo colocó en la abollada silla de ruedas que usaba para moverse por el piso. El abuelito Pin rodó a toda velocidad a la diminuta mesa de la cocina donde acto seguido se colocó servilleta.

-Enga cojones que tengo hambre- gritó el abuelito Pin.

Anselmo soltó un suspiro, pero cogiendo la olla y dos cuencos comenzó a servir judías pintas. El abuelito Pin ni siquiera esperó a que terminase de servir, apretándose el cuenco de judías mientras se le servía. Anselmo se sentó y miró durante un rato a su abuelo comer.

-Escucha abuelito Pin, esta tarde me voy al concierto de Duran Duran que hay en el estadio Bernabéu. Vas a estar solo hasta las diez de la noche porque...

-Sírveme más anda que me has dao poco- interrumpió el abuelito Pin, haciendo caso omiso de su nieto.
-Abuelito Pin ya te has comido un plato nos tiene que sobrar más para mañana que no tengo mucho en la nevera...

-¡Que me dés ma' coño! Que tengo hambre. Si no te gastaras las pelas en escuchar música maricona comeríamos mejor. Si es que eres mátonto, vergüenza que vivas sólo tú, si te vieran tus padres y la güela...

-¡Basta!- dijo Anselmo enojado- Toma tus judías y deja de gritar.

Anselmo sirvió las no muchas judías que sobraban en la olla. El abuelito Pin volvió a deglutir su cuenco como si aún viviera en la posguerra. Anselmo intentó calmarse de sus nervios:

-Mira como decía antes de que me interrumpieras, vas a estar solo esta tarde. He llamado a Marisa pero no va a poder bajar de su piso porque va a estar reunida con unos parientes que celebran su cumpleaños.

-Pos quédate, no me vas a dejar solo- contestó el abuelito Pin.

-No abuelito Pin ya llevo un tiempo diciéndote que iba a ir al concierto.  Voy a dejarte en la cocina apuntado el número de teléfono de Marisa para que la llames, pero sólo si te ocurre algo serio. En el frigorífico hay empanada de pixto que se puede comer fría para cenar.

-Menuda porquería de cena- dijo el abuelito Pin mientras rebañaba  la cuchara con restos de judías pintas.

Anselmo se puso a recoger platos. El abuelito Pin se marchó rodando a toda velocidad  a la destarlatada salita con sofá que hacía de cama para Anselmo ya que su abuelo tenía ocupado el único dormitorio del piso. Con bastante habilidad, el abuelito Pin encendió el viejo Telefunken para ver la 1 (siempre lo hacía desde que por accidente vió las tetas de Sabrina en la nochevieja pasada).

Saliendo de la cocina Anselmo se dirigió al armario del dormitorio para vestirse. Tras pelearse con los viejos harapos y relicarios de su abuelo encontró unos vaqueros estrechos y una camisa blanca sin diseño que fueron suficiente para adecentar su imágen. Pena que su único calzado eran unas bambas desteñidas.
 Se asomó a la salita, la imagen que se veía era la de su abuelo mirando la tele como quien contempla embobado las musarañas. Anselmo meneó la cabeza de lado a lado. La vida había sido bastante rencorosa con él, tanto para convertir lo poco que le quedaba de familia en una broma cruel, un ancla encadenado a su cuello.

-Abuelito Pin, me marcho

El abuelo no reaccionó. Anselmo decidió no dar importancia y abrió la puerta del piso, saliendo con un portazo. El abuelito Pin despertó de su ensimismación,  se dirigió a la ventana y esperó hasta ver a su nieto salir por la acera.

-Vergüenza de invertido, a ver si madura.

Tras blasfemar, el abuelito Pin volvió la atención a la tele, donde se emitía anuncios de aceites Johnson's baby (producto de interés para el abuelito Pin). Al rato de irse Anselmo, unos pisos más arriba comienza a sonar una cinta de Raphael. Seguramente del piso de Marisa. El abuelito Pin aprovechó esta enojosa interrupción para calmar su sed. Se dirigió rodando a la cocina.

Ya en la cocina, abrió el frigorífico: una empanada blanducha de pixto, una jarra de agua con "cositas" verdosas flotando, un par de cartones de leche Pascual bastante abollados...No había mucho pero sí lo que buscaba: un tetrabrick de vino tinto "Don Nino". Estaba en la estantería más alta de la nevera, pero nada que no pudiera tirar haciendo uso del cepillo de barrer.

Meneando varias veces el cepillo consiguió su tesoro. Un vino "Don Nino" sólo era recomendado su uso para cocinar carnes, intentar ingerirlo es extremadamente peligroso o eso dicen los expertos. Pero para el abuelito Pin  era suficiente con total de poder paliar los efectos del aburrimiento y la insidia de escuchar Raphael.

Entre sorbo y sorbo de "Don Nino" y un vistazo a la atractivamente enlacada presentadora de televisión, el abuelo mataba el rato. Oscurecía por la ventana, atenuando el reflejo del paisaje urbano-madrileño en las gafas del abuelito Pin mientras ganaba brillo  la pantalla de la tele.

De repente, el abuelito Pin sufrió una de las pruebas fisiológicas más duras que sufren casi a diario los miles de millones de humanos que habitaban la Tierra: cagalera. Su vientre empezó a hincharse, volviendo del revés las varices que decoraban los alrededores de su grasiento ombligo.

-Dios coño.

El abuelito Pin comenzó a dirigirse al baño mientras refunfuñeaba la ausencia de su nieto Anselmo, el cual sin él se le planteaba costoso tener que realizar el ejercicio de las "sillas musicales " que supone el moverse desde la silla de ruedas al retrete.

Sus movimientos eran torpes. Él los culpaba al estado de su silla de ruedas, pero las sillas de ruedas defectuosas no serpenteaban tan exageradamente, como sí hacían los conductores excesivamente alcoholizados en sus coches. El dolor de tripas se volvió aun más punzante.

-¡Aaaagh macagoncima Virgen María!

El abuelito Pin frenó en seco para retorcerse sobre sí mismo.  Los espasmos provocaron que su vejiga se relajara, soltando los ácidos úricos que antes se hallaban en un tetrabrick de "Don Nino". El suelo del pasillo comenzó a encharcarse en orines verdiamarillentos (color similar a los poloflash de Lima/Limón).

Las leyes de anatomía humana aplicadas al cuerpo del varón dictan que cuando se tiene necesidad de orinar acompañada de la necesidad de excretar, ambos procesos suceden casi simultaneamente debido a que el famoso y misterioso "Punto G" imposibilita que se pueda excretar sin contener las ganas de orinar.
Pero en contra de las leyes el ano del abuelito Pin tras los gajes de la guerra siempre andaba atascado. Y el ano es una puerta estanca muy dura y difícil de abrir sin sentarse de cuclillas. Dicha continencia acrecentó el dolor.

El abuelito Pin rodó como pudo hacia  el baño, pero el reciente charco de orina actuó como si de un elemento cómico de la serie "Los autos locos", haciendo resbalar la silla de ruedas y cayéndose de ella. El abuelito Pin intentó recomponerse y se arrastró con cuidado sobre su propio meado. Entró al baño usando sólo sus brazos, e intentó subirse a la taza del váter, que si era una tarea difícil de realizar desde una silla de ruedas, se volvía  toda una proeza épica levantarse desde el suelo.

-Putos rojos de mierda, ma'lisiaron los cabrones- se quejó el abuelito Pin.

 Agarrando la taza del váter con sus voluptuosos brazos, intentó alzarse por encima del borde. Pero un cúmulo de espasmos musculares, fluidos fecales y tiranteces cartilaginosas invadieron el bajo torso del abuelito Pin, como tropas de los Aliados sobre Alemania. Sus cicatrices de guerra comenzaron a rezumar sudor, pus y sangre. Alaridos y chillidos fueron gritados. Temblores peligrosamente fuertes aporrearon el suelo del baño.

¡¡¡¡FLOOOOOOORCHHHHHH!!!!

Las cicatrices se abrieron, aflorando conductos intestinales. Tropezones de mierda diluida en jugos gástricos salieron desperdigados. El ombligo del abuelito Pin se convirtió en un géiser de caca. NO, un géiser NO, era un Vesubio iracundo que habría arrasado con el Imperio Romano  o cualquier otro reino venidero.

-¡MACAGO MACAGO!

No podía creer lo que pasaba. Pero el asunto no se detuvo. El ano comenzó a ceder extrañamente. Primero se asomó un prolapso anal de un rojo tan fuerte como el de un hierro calentado en la fragua de Hefesto, luego en el estrecho orificio del prolapso asomó un diminuto pilón-hormigón de heces ennegrecidas, que retrocedió adentro para implosionar; luego la implosión reventó el prolapso cual impacto de meteorito apocalíptico. El baño se llenó de mierda y de trocitos de forro duodenal como si de una película de Wes Craven se tratara. Donde estaba el ano asomaba un poco de intestino grueso, si es que se podía llamar intestino grueso a una cañería que soltaba popó licuado cual catarata del Niágara.


El abuelito Pin se hallaba impávido ante tal suceso. Luchando contra esa avería de fontanería que era su cuerpo, intentó arrastrase al teléfono, con la esperanza de poder pedir ayuda a Marisa. pero su culo, ahora con el nuevo conducto de duodeno sobresaliendo, comenzó a hacer aun más fuerza. Lo que antes era su pestilente trasero ahora era un turbopropulsor que nada tenía que envidiar en cuanto a post-combustión a un caza F-14.

-¡ÑIEEEEEEEEEEEEEEEGGGGGHHHHHH!

Durante un breve periodo de tiempo, el abuelito Pin se convirtió en un misil intercontinental, ya no le hizo falta arrastrarse, ahora volaba a ras del suelo a velocidades vertiginosas. Pero la acrobacia aérea duró poco, ya que se estrelló contra la cocina. El impacto fue tal que el cráneo del abuelito Pin se hundió transversalmente sobre su caja torácica, recorriendo todo el saco visceral hasta llegar al accidente de mierdas y tripas que era su sistema digestivo. En un último aliento, el cuerpo del abuelito Pin reconcentró todos los gases gastrointestinales como si fuese el colapso de una estrella.

El cuerpo chorreante de mierda se hinchó tanto como un zeppelin, para después estallar con brutal fuerza. Costillas embadurnadas en heces como si fueran churros del domingo en chocolate salieron disparadas en todas direcciones, fragmentos de huesos y mierda seca se dispersaron como metralla, mezclas gelatinosas de cartílagos  poco elásticos y zurullos estampados con judias pintas pobremente digeridas rebotaron como perdigones. Una onda expansiva digna de un incendio de gas natural se aplastó contra las paredes.

El piso donde vivia Anselmo y su (ya difunto) abuelo  reventó como si fuera una imitación de lo sucedido al abuelito Pin. Las ventanas del barrio estallaron en diminutos cristales, algunos pisos superiores se derrumbaron masacrando cualquier fiesta con música de Raphael. El escándalo fue brutal, bomberos, ambulancias y policias tomaron la zona.

Anselmo, volviendo del concierto, llegó al barrio media hora después de la explosión. Estaba lleno de una mezcla de sudores que se podrían considerar demasiados variados para ser de una misma persona.  Pero si venía en busca de una buena ducha, encontró algo distinto. Reconoció que de aquellos pisos destrozados el suyo era uno de ellos.

Sólo pudo decir una cosa:

-Mierda...